viernes, 15 de diciembre de 2017

Las ventajas de ser un marginado

Basada en la novela del mismo título y dirigida por el propio autor de la misma, Las ventajas de ser un marginado es una deliciosa película sobre una época convulsa en la vida de cualquiera: la adolescencia. Es un tema explorado en muchas películas y un terreno pantanoso en el que es complicado no caer en la sensiblería o en lo superficial sin ahondar en el meollo de la cuestión. Stephen Chbosky sabe dar con la tecla adecuada para mostrarnos a unos adolescentes que comienzan su paso a la vida adulta, un camino como el de todos plagado de dificultades, decepciones y alegrías. Un período al que algunos adultos quitan importancia pero que es vital. Viendo está película empatizas con los adolescentes, te ves con esos años lo que supone un triunfo absoluto para Chbosky que es capaz de contarlo todo de forma sutil y misteriosa, sin alardes, dejando espacio para cada escena, mostrando simpatía por todos los personajes. 

Uno de los aciertos indiscutibles del film es el casting. Desconozco si los protagonistas estaban curtidos ya en el medio o eran debutantes pero aquí logran dar credibilidad a cada escena en la que aparecen logrando la cercanía de las grandes ocasiones. Viendo la película y aunque la temática no tenga mucho que ver he tenido parecidas sensaciones a cuando vi Jóvenes prodigiosos de Curtis Hanson una de esas películas que conviene volver a ver si o si.


Otro aspecto que me he ganado del film es la importancia que se le otorga a la música. La que escuchan los personajes tiene un rol primordial. Una de las escenas más emocionantes es al ritmo de Heroes de David Bowie y otro momento muy chulo es cuando suena a tope Low de Cracker en una de esas fiestas en las que a todos nos gusta perdernos de vez en cuando y más si es a ritmo de rock por lo menos en mi caso. 

El film cuenta la historia de Charlie (Logan Lerman) un joven que cuenta a través de unas cartas a una persona sin identificar sus peripecias vitales en los años de Instituto. Una época convulsa en la que intenta encajar como casi todos lo hemos hecho refugiándose en los espíritus más afines. La película es una maravillosa exaltación de la amistad, un chute vital entre tanta peli de adolescentes casposa, facturada con sumo gusto y fantásticamente interpretada. Para poner en los institutos. 



viernes, 8 de diciembre de 2017

Stranger Things

Una de las series que más ruido mediático ha generado en los últimos años es Strangers Things. Netflix ha apostado fuerte por esta ficción televisiva y ha tirado la casa por la ventana en publicidad tanto en los medios tradicionales como en las hoy en día indispensables redes sociales. Tal vez no juegue en la liga de Juego de Tronos en cuanto a bombardeo pero poco le falta. En la calidad ni entro porque la serie de la HBO no es de mi interés. 

Algunos críticos han machacado a conciencia a Strangers Things. Lo más recurrido es que se trata de un refrito de los ochenta que hace algo más que tomar cosas prestadas de obras tan dispares como Los Goonies, E.T o Cuenta conmigo, es decir, que se sumerge sin ningún tipo de rubor en el universo de Stephen King o Spilberg saqueando a gusto y montando un puzzle curioso. Puede ser. No soy tan severo.

Vistas las dos temporadas me quedo sin duda con la primera, la segunda se me ha desinflado demasiado pronto cuando todo se hace más explícito pero para que nos vamos a engañar he pasado unas horas divertidas que no es poco. No juega en la liga de esas series que me vuelven loco y que puedo revisitar o incluso pillar un capítulo suelto y volverlo a ver porque hay mucha miga. Los creadores avisan con una tercera parte. De hecho con el éxito que tienen lo raro sería lo contrario pero mucho van a tener que estrujarse la materia gris para salir airosos con una trama que parece agotada. Veremos.


domingo, 3 de diciembre de 2017

William Bell. This is where I live

El pasado julio tuve la suerte de ver en directo a William Bell en el Festival de Blues de Getxo. Uno de esos conciertos inesperados que te alegran la noche de verano en cuestión. Bell además de recurrir a sus clásicos grabados en el sello Stax en los sesenta presentó sin complejos su último disco, This is Where I live que este mismo año ganó el grammy al mejor álbum de americana. De la mano del productor John Leventhal (Joan Osborne, Rosanne Cash) William Bell se sacó de la manga un disco muy bueno, sorprendente para las alturas a la que estamos de un tipo de 77 años.

La asociación con Leventhal le ha funcionado de tal manera que según confesaba en una entrevista a Ruta 66 hace unos meses ya preparan el segundo. Lo cierto es que el listón lo han puesto alto. En This is Where I live todas las canciones vienen firmadas por Bell y Leventhal excepto dos versiones del propio Leventhal y Rosanne Cash y de Jesse Winchester. Bell se encarga de las letras, reflexivas, echando la mirada atrás pero sin falsa nostalgia. El autor nos cuenta de dónde viene y lo que ha hecho en su carrera. Y lo visten con una música perfecta, que se ajusta al tono del álbum. 

Una de las características esenciales de William Bell es la elegancia. Tal vez su faceta más conocida sea la de compositor para el sello Stax pero lo cierto es que Bell es un intérprete de altura; canta con mucho gusto, sin estridencias, ajustando su tono a lo que pide cada canción. Aquí hay unas cuantas muy buenas. Al menos media docena me lo parecen. De hecho no palidecen al lado de sus éxitos. Y se mueve con igual acierto en los tiempos más suaves como cuando le imprime un poco más de marcha.


Entre mis favoritas de este reivindicable disco están la que lo abre The Three of Me, desde la frase inicial: Last night I had a dream and there were three of me...Una canción exquisita, cocinada a fuego lento, con la guitarra de Leventhal sonando clara y meridiana acompañada de forma elegante por la sección de viento, una característica primordial de todo el álbum. Así es también en The House Always win, más pausada pero igual de certera y en Poison in the well, marchosa y contagiosa.

William Bell recupera para este disco una nueva grabación de la mítica Born under a bad sign compuesta junto a Booker T Jones en un arreglo diferente y como he escrito se casca algunos temas tan potentes e icónicos como el que da titulo al disco: This is where I Live con una de esas letras que se te quedan a la primera. La historia de su vida cantada de forma convincente y emotiva. Una de esas que la puedo escuchar en bucle. Y aquí hay unas cuantas más.

La trilogía que cierra el álbum es un perfecto ejemplo de los valores que atesora este disco, un triunfo absoluto: All The things you can´t remember con esos coros de falsetes elegantes, Mississsippi Arkansas Bridge directa al cátalogo de clásicos de este tipo, un tema que me volvió loco en Getxo y una despedida acorde a un disco de este pelaje con People want to go home. E insisto estos tres temas y alguno más los pones si o si en el recopilatorio de rigor de la carrera de este hombre. Soul elegante facturado con gusto exquisito.


I was born in Memphis
In a different world
Now that time has come and gone
I was just a little boy
When I heard Sam Cooke singing
A change is gonna come

It touched my soul
And let me know
There’s a promise of a brand new day
Then I left my home
Started out on my own

This is where I live
This is where I live
This is where I give
All of my love, all my time, all my money, every dime
This is where I live

I was just sixteen when I hit New York
Singing in a big old band
I couldn’t believe the things I saw and heard
But it sure enough made me a man
In a hotel room I wrote me a song
And it took me all around the world
And now I spend all my time playing music making rhymes

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Cracker. Gentleman´s Blues

En agosto de 2018 se cumplirán veinte años desde que Cracker editaran aquella maravilla titulada Gentleman´s blues. Esa rodaja hacía la cuarta de su discografía y era una demostración de que esta banda iba en serio. Vinieron para quedarse y afortunadamente siguen entre nosotros a pesar de la que está cayendo en el mundillo rockero para bandas como ellos. Gentleman´s blues es el disco perfecto para conectar con todas las facetas de Cracker. Esta la inmediatez, la urgencia de la que hacen gala como pocas bandas, el eclecticismo bien entendido, siempre sobre base de excelentes composiciones y un sonido meridiano, claro, que hace que escuchar este álbum sea una gozada. Ninguna canción ha perdido un ápice de frescura. Y la producción de Don Smith a la sazón ingeniero de sonido y responsable de las mezclas es fundamental.

Desde que descubrí esta banda uno de los aspectos que más me llamó la atención fue el sonido de la guitarra cortesía de Johnny Hickman, un hacha soberbio de la escuela del menos es más, un tipo con las ideas claras y con un sonido propio y reconocible. Poder degustar a este guitarrista a escasos dos metros en los conciertos es una experiencia que recomiendo a cualquiera que le guste ese instrumento. Y un puto privilegio. Siempre lo digo y me gustaría que no fuese así, pero su desgracia es nuestra fortuna porque ver a una banda de este calibre en garitos para 300 personas como mucho es una puta voladura de cabeza, algo de locos.





Gentleman´s blues tiene uno de esos comienzos atómicos. La perfecta combinación de pop y rock en tres temas a cual mejor y que me parecen perfectos para abrir sus conciertos. Cualquiera es una opción certera: Good Life, Seven Days (con la que abrieron en Helldorado en 2015) y Star. Canciones que deberían haber reventado los charts pero que a duras penas llegaron al Top 200 de Billboard. En un registro totalmente diferente James River es hipnótica con una soberbia interpretación a la guitarra de Hickman y un piano sugerente para acompañar a la voz de Lowery. En esa tesitura se mueve también Lullabye. Canciones minimalistas pero que se te pegan sin remedio. En esta ocasión los coros sencillos, misteriosos le dan un plus total a la canción. 

Pero antes me he dejado otro trío imponente: My Life is Totally Boring Without you, Been Around the World y The World is mine. Qué puedo decir de la primera, favorita personal, una de esas canciones que me viene en cualquier momento y en la que los coros son deliciosos. En Been Around the World de nuevo Hickman la lía con unos punteos estratosféricos en un final de canción irresistible. Es otra de las que me encanta escuchar en directo. The World is mine es directa, un puñetazo en la mesa, arrebatadoramente punk.


No sólo de Hickman voy a escribir. Lowery es fundamental en esta obra magna de la banda. Excepto en tres temas que firma Hickman en solitario (Trials & Tribulations, Hold on myself y Wedding Day) en los otros 13 el amigo David está en la composición y pone su peculiar voz al servicio de casi todos ellos. Y lo destacable del asunto es que no hay canción mala (voy a reconocer que I want out of the circus es la única con la que no conecto) y que hay una variedad estilistica apabullante. El pop y el rock lo llevan en el adn pero es que además la variable country que aporta Hickman y una sorprendente veta soul en varios temas hace que este sea el disco por antonomasia en la carrera de estos tipos.

A pesar de la foto que he puesto el cd que tengo no es original. Pertenece a aquella época en la que grababa muchos discos e incluso fotocopiaba las portadas en color y todo. Por lo tanto no tengo los créditos pero creo recordar que por aquí además de Lowery y Hickman, están Bob Rupe al bajo, Frank Funaro a la batería (otro tipo del que se habla poco y merece mucha más bola) y una pléyade de colaboradores que intimida: Mike Campbell y Benmont Tench de ya sabéis donde, Kenny Margolis o Tommy Stinson (Replacements) y lo que me intriga es de quién son las voces femeninas, mágicas en Hallelujah y Cinderella, un final de película.

Este disco puso fin a la relación de Cracker con Virgin una major con la que en anteriores discos habían hecho vídeos promocionales que gozaron de éxito como Low o I hate my generation pero cuando llegaron a Gentleman´s blues parece que ya no había pasta para soporte audiovisual y por ejemplo el álbum ni siquiera se editó en vinilo. Sería de justicia que para el 20 aniversario del disco se editase en ese formato y se reeditase en cd. Es inconcebible que una ristra de canciones de este calibre sólo esté al alcance del puto Spotify. Porca miseria. So we were standing, like the last rock band in the planet....Vamos, copón!!!!!!


viernes, 17 de noviembre de 2017

Chris Robinson. Glow

El bueno de Chris se merece otro post. Siempre. El reciente anuncio de su gira por estos lares para el próximo marzo nos ha revolucionado a unos cuantos. Y es que su concierto va a ser en el Antzoki y ante el temor de que vuelen las entradas , dado el limitado aforo del recinto, hemos hecho click con suma celeridad con los putos gastos de gestión de siempre. Habría merecido ser un poco paciente y pillarlas en el bareto de Barakaldo donde las vendían. Una entrada como las de antes y no la chufa esa que te dan por internet que encima te tienes que imprimir o llevar en el móvil. Pero en fin ya está hecho. Nos puede el ansia. 

Y precisamente Chris aboga por lo contrario. Releo una entrevista que dio al Ruta 66 el pasado año y me deleito con sus diatribas contra las corporaciones y los algoritmos. Me sumerjo en su universo hippy con sumo gusto. Venga, una alfombra, incienso, maría, unos candelabros y a gozar con su música.Sin prisa. Peace and Love. Este firibustero me tiene atrapado. Y lo ha hecho siguiendo su camino al margen de los Black Crowes, con mucho gusto y toneladas de talento. Tanto New Earth Mud como This Magnificed Distance así como está nueva encarnación con Brotherhood (Big Moon Ritual, Magic Door, Barefoot in the head) le muestra muy pero que muy inspirado y bien rodeado. Chris lejos de seguir la estela de los Cuervos va por otros derroteros y defiende en directo su discografía en solitario sin necesidad de recurrir a temas de Black Crowes. Y yo le sigo gustoso, en la gloria. Y no me puedo quitar de la mente su imagen en el porche de su casa contando los billetes....